La pasada semana nos sentamos con Elena Álvarez Rioja y Aida Diouri Bravo, de la Unidad de Seguimiento y Atención Especializada del Servicio para la Gestión de Situaciones de Soledad no Deseada en Personas Mayores, para preguntarles sobre el servicio gratuito diseñado para brindar apoyo, acompañamiento y que pone a la disposición de las personas que lo deseen información y recursos disponibles para hacer frente a la Soledad No Deseada.

Teléfono de atención a la soledad no deseada 900 100 300


¿Qué ocurre realmente cuando una persona decide llamar a este teléfono y qué suele haber detrás de esa llamada?

Cuando la persona da el paso de llamar a nuestro servicio, normalmente se encuentra necesitada de ese acompañamiento y arropo (aunque sea telefónico) del cual carece. Esto no quiere decir que la persona esté físicamente viviendo sola o que no conozca a nadie, pues precisamente la Soledad No Deseada es un sentimiento que produce mucho malestar emocional y se traduce en que los vínculos que tiene alrededor no son lo suficientemente significativos para ella. ¿Qué quiere decir esto? Que podemos sentir soledad a pesar de estar rodeados de muchas personas. 

Hay personas que lo manifiestan enseguida porque necesitan, a veces casi con urgencia, un espacio en el que poder dar cabida a sus emociones y sentirse comprendidos, sin juicios de valor y empatía. 

A otras personas puede costarles un poquito más, y de inicio sólo comentan querer informarse para saber en qué consiste y en la mayoría de las ocasiones finalmente confirman sentirse con soledad no deseada. Parte de nuestro trabajo es transmitir a la persona la confianza necesaria en un espacio seguro y confidencial donde pueda trasladarnos ese sentimiento y poder ofrecerle diversos recursos para mitigarla. 

Por otro lado, hay personas que llaman sencillamente para conocer e informarse un poco más sobre los recursos a los que puede acudir en su barrio. No tienen porqué encontrarse mal anímicamente para poder llamar a nuestro servicio. 


¿Cómo funciona el protocolo de atención desde que una persona llama hasta que recibe apoyo o es derivada a otros recursos?

En primer lugar, la persona que llama recibe desde el primer momento esa escucha y acompañamiento al otro lado de la línea telefónica. Nuestros compañeros, se encargan de explicarles en qué consiste este servicio y les hacen algunas preguntas para conocer un poco más su sentimiento de soledad no deseada, derivándolos ya a algunos recursos de su zona. 

Después los compañeros nos derivan cada caso y realizamos un exhaustivo estudio de la situación de la persona (si se encuentra en situación de dependencia, si es autónoma, redes de apoyo si las hay, aficiones, etc.) y buscamos aquellos recursos que se encuentren más adaptados a sus necesidades dentro de su zona residencial. Cada persona y su circunstancia son un mundo, por ello estudiamos cada caso de forma detallada. 

Una vez llamamos a la persona, le explicamos más ampliamente en lo que consiste la soledad no deseada e intentamos proporcionarle un espacio en el que se puedan sentir en confianza para poder expresar cómo se sienten respecto a esa soledad no deseada. Posteriormente, le recomendamos los recursos encontrados y, en ciertos casos, les realizamos un seguimiento para conocer cómo se encuentran y su sentimiento de soledad al cabo de un tiempo. 


¿Cómo conseguís generar confianza y crear un espacio seguro en tan poco tiempo?

No es un asunto tan fácil para todas las personas, cada persona es un mundo. Lo que sí tratamos que haya en común en todas las llamadas es un espacio paciente y sin juicio, donde la persona puede explicar su situación actual y preocupaciones. Cuando se muestran incómodos a hablar, no les obligamos a hablar si no quieren; además, siempre les aclaramos que es un espacio seguro, donde la situación que nos describa exclusivamente se va a utilizar para conocerlos mejor y aportarle los recursos que mejor se adapten a ese momento concreto de su vida. Además, nunca contactamos con sus familiares, ya que muchos de ellos nos comentan aspectos de su vida que incluso les resulta difícil expresarlo a sus seres más queridos, o no se sienten preparados aún para compartirlo con ellos. 

De hecho, este servicio siempre va a ir destinado a la persona que siente esa soledad no deseada. Cuando nos llama un familiar para que hablemos con ellos, recomendamos que sea la persona en cuestión la que llame cuando se sienta con ganas. Además, aclaramos que es un espacio íntimo, y que lo más positivo para ellos es que nos llame cuando no estén sus seres queridos alrededor (si eso es lo que necesita, claro, si la persona no tiene problema, no es una obligación ni requisito del servicio).

Con esto no decimos que las familias no tengan un papel importante, lo tienen. Muchos familiares llaman para informarse y recomendar llamar a esa persona cuando se sienta preparada, o son los primeros que le facilitan el número, tendiéndoles una mano y mostrando su interés y comprensión del momento que puede estar pasando ese ser querido. 


¿Cómo describiríais el perfil de las personas que llaman y qué perfiles suelen pasar más desapercibidos?

Quizá puedan pasar más desapercibidas aquellas personas que ya se encuentran realizando alguna actividad, pero desconocen todo lo que abarca la red de recursos existentes y subvencionados por la Junta de Andalucía. 

Pero nos hemos encontrado perfiles muy diversos, desde personas que se encuentran en viudedad, personas solteras y han sido cuidadoras toda su vida, o que por circunstancias de la vida se habían centrado en sus hijos y ahora sienten mayor soledad cuando esos hijos van haciendo su vida, personas cuyas amistades de toda la vida ya no están por diversos motivos.

Nosotras facilitamos los recursos adaptados a la persona y que puedan acudir a esas actividades y talleres. Nunca se sabe a quién puedes conocer… o con quien conectar, ¿no?


¿Por qué resulta tan difícil reconocer o expresar que nos sentimos en soledad?

Precisamente por eso. Nos cuesta pedir ayuda y más si pensamos que somos una carga para la gente que más nos quiere. Además, muchas veces podemos asociar la soledad con debilidad, fracaso o falta de habilidades sociales, cuando en realidad es una experiencia humana que puede afectar a cualquiera de nosotros. Muchas veces se puede intentar ocultar por miedo al rechazo o porque pensamos que nadie nos va a entender. 

Nuestra recomendación siempre es: si tenemos a nuestro lado personas que nos quieren y comparten con nosotros sus momentos y nuestros momentos buenos, ¿por qué no lo íbamos a hacer para los no tan buenos? En la mayoría de las ocasiones, aunque no nos lo digan abiertamente, nuestros seres queridos se alegran de que podamos abrirnos y decirles qué nos preocupa, cómo nos sentimos, y sobre todo pedirles ayuda y explicarles cómo nos pueden ayudar. Es muy útil confiar en el poder de la palabra, y probablemente en más de una ocasión nos pueda dar una grata sorpresa manifestar nuestros sentimientos y necesidades. 

Si no tenemos a nuestro lado una persona de confianza a quien pedírselo, también existen otros espacios donde encontrar escucha y ayuda, como grupos de apoyo o recursos comunitarios. Por ejemplo, en nuestro programa de Júntate, buscamos esos entornos seguros donde poder dar el primer paso para cambiar estas sensaciones de soledad.


¿Qué señales pueden ayudar a familias, amistades o vecinos a detectar que alguien está viviendo soledad no deseada?

En cada persona se manifiesta de diferentes formas, pero puede haber cambios en su rutina, su alimentación o su salud en general. Incluso, la persona puede no reconocer que se siente en soledad o evita hablar del tema porque le genera vergüenza o incomodidad. Algunos ejemplos pueden ser:

  • Menos ganas de salir o socializar: Con más tristeza, apatía o ansiedad de lo habitual.
  • Cambio en el estado de ánimo: Parece más triste, con más apatía o irritabilidad de lo habitual.
  • Descuido en su alimentación o higiene: Ha dejado de prestar atención a su bienestar físico o al mantenimiento de su hogar
  • Habla más del pasado que del presente. O menciona con frecuencia que se siente en soledad, aunque esté rodeado de personas.
  • Problemas de sueño o cansancio constante. Que pueden estar relacionados con el estrés o la ansiedad que genera la soledad.

Estas señales pueden existir a pesar de que no haya una enfermedad o afección diagnosticada que las justifique, y pueden ser muy importantes a la hora de identificar sus necesidades.


¿Cómo podemos acompañar a una persona que se siente sola sin invadirla ni hacerla sentir una carga?

El primer paso es acompañar y respetar los tiempos de esta persona. Considero que es más importante explicar a la persona que estaremos para todo lo que necesite y en el momento que lo necesite, antes que presionar y obligarle a que haga cosas, ya que esta intención, aunque positiva, puede dar resultados más negativos. El siguiente paso es poder explicar a esa persona cuáles son las diferentes opciones que tiene para intentar dar esos pequeños pasos, y dejar que decida cuando se sienta lo suficientemente preparada, pero, sobre todo, siempre acompañándola.

También consideramos importante validar cómo se siente, sin minimizar sus emociones ni intentar convencerla de que “no debería sentirse así”. A veces, el simple hecho de sentirse escuchado ya supone un alivio, por lo que mostrar ese interés por su historia, sus opiniones y deseos puede ayudar a que la persona se sienta valorada.

No podemos culpar a las personas de pensar que su tiempo ya ha pasado, cuando es un discurso que se ha repetido generación tras generación. No deja de ser una idea edadista que, por suerte, hoy en día estamos intentando revertir. Queremos hacer ver esa “tercera edad” como una etapa más de nuestra vida, en la cual nos podemos seguir desarrollando como personas, aprender aficiones nuevas y hacer nuevas amistades. 


¿Qué papel juega el miedo o la resistencia al cambio y cómo ayudáis a las personas a dar ese primer paso?

Creo que lo primero, sin lugar a duda, consiste en validar ese miedo. El miedo es una emoción básica cuya función es protegernos de lo que nosotros percibimos como una situación “amenazante” o que se sale de nuestro control. Y eso no suele gustarle nada a nuestra mente. Por eso es fundamental, en primer lugar, validar, normalizar y acompañar el miedo. Es completamente razonable sentir miedo cuando una persona puede llevar muchos años en soledad o sentirse poco vista por los de su alrededor (aunque quizá tenga a vecinos y allegados que estén pendientes y “la vean”, pero aquí la clave está en que esa persona se siente así). 

Después lo que les facilitamos son una serie de recursos a los que puede acudir a través de voluntariados, programas y actividades con el objetivo de ir creando una red en la que poder conocer a personas con afinidades similares, nuevas redes de apoyo y futuras amistades. 

Es cierto que a veces la resistencia al cambio puede generar una barrera muy grande para la persona, aunque los medios estén allí y se lo podamos proporcionar. Pero he aquí la clave de todo: al final es la persona quien tiene la llave para cambiar esa situación. Nosotras tratamos de darle ese “pequeño empujón” para fomentar que tenga un estilo de vida activo, saludable y aumente poquito a poco su red a través de los recursos facilitados. Sabemos que no es fácil, pero el primer paso es el más importante y ya lo han dado: llamar al servicio de Soledad No Deseada. 


¿Cómo sabéis que una intervención ha sido positiva y qué resultados son los más valiosos, aunque no siempre aparezcan en las estadísticas?

Creo que podemos saber que ha sido positiva cuando ya la propia persona nos expresa sentirse mejor ya sólo con la atención, escucha activa y empatía recibidas. Eso realmente puede parecer a priori no ser mucho, pero lo es todo para una persona que se siente en una soledad no deseada y no tiene una red de apoyo cercana o que sienta como significativa. El hecho de poder compartir un momento donde una persona se sienta atendida, charlar un poquito y ofrecerle recursos accesibles para ella, eso para muchas personas a veces, lo es todo. 

En las estadísticas no se ve la risa de la persona, su inmensa amabilidad (porque te agradecen, y mucho, esa atención), que se sienta en confianza como para incluso bromear un poco con nosotras, que a veces también nos ha pasado… Y, sobre todo, cuando en ciertos casos al cabo de un tiempo volvemos a llamarles, y se acuerdan de ti y te dicen que tenían ganas de volver a hablar contigo por haber podido sentirse cómodas, expresar abiertamente cómo se sienten, que han podido acudir a los recursos facilitados, y que te cuenten cómo les ha ido… la verdad es que es una emoción que te llena muchísimo. 


¿Qué importancia tiene el trabajo en red y qué recursos son más necesarios para combatir la soledad no deseada en Andalucía?

Es muy interesante el trabajo que hacen asociaciones y entidades públicas como la Junta de Andalucía. Uno de los recursos que más recomendamos son los Centros de Participación Activa, los cuales se encuentran en diferentes localidades y barrios. Son centros que promueven el bienestar de las personas mayores, fomentando la convivencia, la integración, la participación. Ofrecen distintos talleres, excursiones grupales, e incluso un servicio de orientación jurídica gratuito. Además, muchos de ellos tienen una cafetería con servicio de comedor, con precios muy reducidos.

Otros recursos que buscamos pueden ser, como hemos comentado anteriormente, asociaciones y entidades que realizan acompañamiento telefónico o presencial, programas de alojamiento compartido con estudiantes universitarios, aulas de la experiencia… Dependiendo de las necesidades que tenga la persona que llama y los recursos que se encuentren en su zona. 

Un aspecto muy importante del trabajo en red, es que también identificamos y detectamos posibles situaciones de maltrato o de ideación suicida. En el primer caso, notificamos estos casos directamente a la Dirección General de Personas Mayores, Participación Activa y Soledad no deseada de la Junta de Andalucía. En el caso de personas que manifiestan ideación suicida, siempre recomendamos llamar al 024, un servicio especializado para el tratamiento de estos casos. 

Si yo no soy una persona en situación soledad, yo intentaría mirar a mi alrededor. Tal vez no vemos en la cara de una persona sus sentimientos, pero tal vez podemos pensar en una persona en concreto cuando pensamos sobre esto. La pregunta es, ¿qué podemos hacer nosotros en nuestro día a día? Pregunta a tu vecino cómo está, observa si sube las persianas de su casa normalmente, ofrécete a esa persona mayor a llevarle las bolsas de la compra, ten una conversación con esa señora que está esperando en la parada del bus… Esos pequeños detalles son los que marcan la diferencia para fomentar una sociedad más unida y menos individualista, al final es lo que todos querríamos. 


¿Qué aprendizajes personales y profesionales os lleváis de acompañar a tantas personas que viven situaciones de soledad?

Cada persona tiene una historia única, y todas merecen ser escuchadas. Nunca sabemos por lo que puede estar pasando alguien cerca de nosotros. Nos preguntamos día a día: “esa persona que va caminando por la calle, ¿habrá hablado con alguien hoy? La persona que va junto a mí sentada en el autobús, parece tener una mirada algo cansada y triste. ¿Al llegar su casa le esperará alguien o estará solo/a?”. Por eso nos gustaría animar una vez más, a aportar nuestro grano de arena con las personas que tengamos a nuestro alrededor, de este modo, si cada uno hiciéramos lo que está en nuestra mano, promovemos una comunidad mucho más cohesionada, que es al fin y al cabo lo que verdaderamente es una comunidad. 

Además, muchas veces pensamos que no podemos hacer nada respecto a alguien, que no le podemos ayudar, pero lo que más poder de cambio tiene es el tiempo de dedicación. El tiempo es lo más valioso que podemos aportar a los demás, escuchando su historia, valorando sus esfuerzos vitales y teniendo un interés genuino porque su situación mejore, por mínima que sea esa mejora. 

Por último, algo que hemos observado bastante es que tristemente se suele pedir ayuda cuando se toca fondo. Probablemente por lo comentado con anterioridad: nos da miedo, vergüenza, o minimizamos lo que nos pasa hasta que nos afecta más de lo que pensábamos. Hay muchas personas ahí fuera dispuestas a ayudarte, pide ayuda. 


Si pudierais lanzar un único mensaje a la sociedad andaluza sobre la soledad no deseada en las personas mayores, ¿cuál sería?

A veces una pequeña conversación puede cambiarle el día entero a alguien. 

Y eso puede pasar en el rellano del piso donde vivan, en la panadería del barrio, en cualquier comercio o tienda local. Crear redes es fundamental, y a veces no pensamos en que una sencilla pregunta de cómo se encuentra nuestra vecina/o de toda la vida o no, o que se acabe de mudar por ejemplo y cómo lo lleva, puede transformar el día a una persona que en su rutina lo que hace es salir de casa, ir a comprar lo necesario, y volver de nuevo sin que le esté esperando a lo mejor, nadie. 

Muchas veces, un pequeño gesto como saludar y preguntar por la persona, que nos pueda parecer desde fuera algo sin mayor trascendencia, quizá le saca una sonrisa ese día; quizá ya tiene otra cosa más en la que pensar, y al final no deja de ser algo, a priori sencillo, pero fundamental en la vida de cada uno de nosotros: sentirnos vistos. 


Todos hemos podido sentir soledad en algún momento de nuestra vida, a pesar de estar rodeados de muchas personas; tu sensación es más común de lo que piensas.