Dos investigaciones lideradas desde la Universidad de Huelva muestran que no existe un único perfil de persona mayor ante la tecnología y destacan el potencial del acompañamiento entre pares para mejorar el aprendizaje y favorecer la autonomía.


La brecha digital de las personas mayores no se resuelve únicamente facilitando dispositivos o multiplicando cursos de informática. La alfabetización digital resulta más eficaz cuando parte de las necesidades, motivaciones y circunstancias de quienes participan y conecta el aprendizaje con situaciones de su vida cotidiana.

Esta es una de las principales conclusiones de dos investigaciones desarrolladas por equipos de varias universidades, liderados por los profesores Ramón Tirado-Morueta y Ana Duarte-Hueros, de la Universidad de Huelva, en colaboración con la Consejería de Servicios Sociales, Familias e Igualdad de la Junta de Andalucía. Los trabajos se desarrollaron en el marco de proyectos financiados por la Agencia Estatal de Investigación y el Plan Andaluz de Investigación.

El primero parte de una constatación relevante para el diseño de las políticas públicas: no existe un único perfil de persona mayor ante la tecnología.

El estudio, basado en 14 grupos de discusión realizados en Andalucía con 95 personas mayores de 65 años, identificó diferentes perfiles atendiendo a factores como la edad, la integración digital, la frecuencia de uso de Internet, el apoyo social, la percepción de las propias competencias, la salud o la calidad de vida. También se consideraron los contextos rurales y urbanos y los distintos espacios de participación social.

Las diferencias se reflejan también en los usos. Las personas con menor integración tecnológica recurren principalmente a Internet para comunicarse, buscar información o resolver tareas cotidianas y presentan una mayor dependencia del apoyo externo. En cambio, quienes tienen una integración digital más elevada incorporan la tecnología a un abanico más amplio de actividades y la utilizan para facilitar su vida diaria.

Estos resultados cuestionan los programas concebidos con una única receta. Para algunas personas, aprender a utilizar una aplicación puede significar poder comunicarse con familiares; para otras, realizar una gestión administrativa, solicitar una cita sanitaria o utilizar un servicio bancario con seguridad. La utilidad percibida y la conexión con objetivos personales son, por tanto, elementos centrales de la motivación.

De ahí la importancia de una planificación estratégica y situada. Antes de decidir qué contenidos enseñar, es necesario conocer a quién se dirige la intervención, qué necesita hacer con la tecnología, qué dificultades encuentra y qué apoyos tiene disponibles. La edad es un factor relevante, pero no explica por sí sola la relación de una persona con el entorno digital.

Esta perspectiva enlaza con los marcos teóricos de la Teoría de la Selectividad Socioemocional y del modelo de Selección, Optimización y Compensación. El primero destaca la importancia creciente de las relaciones y experiencias emocionalmente significativas durante el envejecimiento; el segundo entiende la adaptación como un proceso en el que las personas seleccionan objetivos, optimizan los recursos disponibles y compensan las dificultades mediante apoyos.

La segunda investigación pone el foco precisamente en uno de esos apoyos: el acompañamiento entre iguales.

El estudio analizó talleres de alfabetización digital impartidos por personas mayores que habían recibido previamente formación como mentoras de otras personas mayores. Los participantes en estos talleres valoraron más positivamente el entorno de aprendizaje y mostraron una mayor satisfacción percibida que quienes asistieron a talleres convencionales.

La cercanía generacional puede favorecer la identificación, la empatía y la confianza. Aprender de alguien que ha afrontado dificultades similares puede reducir el temor a equivocarse y facilitar un aprendizaje más próximo a las necesidades reales. Además, en el modelo entre pares adquieren especial relevancia la práctica individual, el progreso autónomo y el apoyo colaborativo.

El acompañamiento, sin embargo, requiere preparación. No basta con tener conocimientos tecnológicos. En la experiencia estudiada, las personas mayores que posteriormente ejercieron como mentoras recibieron formación específica en mentoría digital, diseño de talleres adaptados y creación de una comunidad de apoyo.

Este planteamiento ofrece una vía de actuación para administraciones, universidades, centros de mayores y entidades sociales: diagnosticar antes de intervenir, adaptar los contenidos a perfiles y contextos, trabajar con problemas cotidianos y crear redes de apoyo que permitan avanzar hacia una mayor autonomía.

La familia puede desempeñar un papel importante en ese proceso, especialmente cuando surgen las primeras dificultades. Pero no todas las personas mayores cuentan con redes de apoyo sólidas y la dependencia continuada de terceros puede limitar su autonomía. Además, tener competencias digitales no implica necesariamente disponer de competencias pedagógicas para enseñar a otras personas.

Incorporar a personas mayores como mentoras supone, por ello, un cambio de perspectiva: pasan de ser consideradas únicamente destinatarias de las políticas de inclusión digital a participar activamente en ellas. El aprendizaje se transforma así en una experiencia compartida y la comunidad en un recurso educativo.

Los resultados son prometedores, aunque deben interpretarse con cautela. El estudio sobre aprendizaje entre pares señala que sus análisis son todavía preliminares y que se necesitan muestras más amplias y diseños más rigurosos para determinar con mayor precisión la contribución específica de este modelo.

En definitiva, reducir la brecha digital no consiste solo en enseñar a utilizar tecnologías, sino en conseguir que estas respondan a las necesidades y proyectos de vida de las personas. Y en ese objetivo, las propias personas mayores pueden desempeñar un papel decisivo: no solo como aprendices, sino también como mentoras, acompañantes y agentes de inclusión digital en sus comunidades.

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